Por Mauricio Sánchez Santos
No se necesita mucha información para ver que nuestro estilo de vida, no se diferencia mucho a la de oriente. En Irak, Afganistán o Siria, es peligroso salir a la calle a laborar como periodista, el riesgo es mayor a la nota que podrías conseguir.
En México, en el transcurso del año han muerto muchos periodistas, incluyendo a reporteros gráficos, que se suman como víctimas del crimen organizado y¿por qué no pensar que también del gobierno? La calidad periodística de la mayoría de los medios de comunicación en México es nefasta, agregándole otro factor muy importante: la censura.
Las agresiones contra periodistas se dan en todos los sectores sociales del país, un periodista de espectáculos se enfrenta a las “humillaciones” de los destacados personajes del mundo artístico; un periodista ejerciendo en la política, se enfrenta a la censura gubernamental. Un periodista que ejerce en cualquier campo, se enfrenta a peligros tan extremos como la misma muerte.
Vivimos en un tiempo de crisis, similar a naciones con problemáticas más fuertes. Periodistas asesinados en diferentes estados y con un conteo impresionante, hace pensar que la libertad de expresión se extingue.
Si el gobierno o las organizaciones delictivas atacan a miembros de la sociedad civil, por el motivo que sea, será un acto de mal gusto, una acción de miedo, represión, dictadura, el peor pecado que pueda existir. Si las mismas organizaciones atacan, amenazan y matan a periodistas, es un acto que queda impune.
Es deprimente pensar y ver que organizaciones internacionales como CIDH, Amnistía Internacional entre otros pocos, se preocupen por la seguridad de los periodistas y le pide al gobierno mexicano (muchas veces factor para que exista la violencia) que se les dé mayor protección.
Pero encontramos al duopolio televisivo, a sus trabajadores técnicos y del ámbito “periodístico” que también ponen muchos obstáculos, ocultan fechorías y cometen de éstas. Hace unos días se publicó un video en el que trabajadores técnicos de Televisa agreden a un civil que se quejaba de una actitud imprudente y altanera cuando se bloquea el tránsito local.
Los jóvenes ahora reclaman el gobierno y su futuro, el mundo de la información, no hay más que sumarse a los movimientos que pretenden hacer justicia a nuestros colegas, darle vida a la ética del periodista y comenzar un legado para las futuras generaciones de periodistas, sin peligro en la profesión y con verdadera libertad de expresión.






