Stephani Rodríguez
Mi encanto por la música empezó hace algunos muchos años desde que tenía cinco o seis; y claro tenía una madre que gozaba de la danza así que por vocación suya me inscribió a clases de ballet y ahí conocí a Tchaikovsky, Vivaldi, Auric, Elgar, Jolivet y muchísimos más. Y no me parecían para nada aburridos, como puede suponerse en niños de esa edad, yo gozaba de la música clásica, me enchinaba la piel, me relajaba, me llevaba a otro lugar. Pero no sólo disfrutaba de ese estilo musical, también en mi grabadora solía poner a Kiss, Britney Spears, The Beatles, Queen, Backstreet Boys, Carlos Santana y hasta Timbiriche. Me resultaba desmedido sólo tener un tipo de música al cual recurrir.
Tenía discusiones constantes con mis tíos, mi padre, hasta con mi abuelo acerca de la música, ya que ellos llamaban música sólo a los artistas de su época, pero estaban y hasta estos días equivocados. Música “es el arte que consiste en dotar sonidos y silencios de una cierta organización, el resultado de este orden resulta lógico, coherente y agradable al oído”. Pero no todos los oídos son iguales, para algunos el metal es agradable, para otros el jazz o el rock, para unos el pop pero a mí casi toda la música me gustaba.
Desde mis seis años hasta ahora he pensado que alguien que no aprecia una canción de salsa, o una pieza de bossa nova, un concierto de indie y de igual forma un buen rap es alguien totalmente desconectado loco del planeta, un ¡ABURRIIIDOO!
Música es todo lo que escuchamos, absolutamente todo, aunque a muchos les cueste aceptarlo, si no fuera así el reggaetón por mucho que disguste no estaría catalogado como música. Esos muchachos con sus gorritas de lado, pantalones aguados y pelambres pegados con gel y laca pueden llamarme aburrida ya que ese género es de los pocos que no disfruto. Y voy a ser honesta, la mayoría aborrecemos este género por las letras tan poco agradables pero no por el ritmo, porque estoy segura que es tan pegajoso que el viejito de la esquina se pone a bailar.
Realmente me exasperan los que se cierran a un solo estilo musical o creen que sólo lo que escuchan y conocen es lo bueno, le ponen su propio significado a la polifonía, y éste es un lenguaje cósmico. Es tan simple como disfrutar de la diversidad que la música nos trae. Así de complejo y divertido como llega a ser el fútbol, que une personas, la música también, de pronto nos vemos en un concierto cantando con un completo desconocido o en un salón bailando con un ochentón, la diversidad musical nos permite conocer y llegar a lugares que jamás imaginamos.
No permitirse gozar de la pluralidad musical, es como no leer libros sólo porque la portada es fea, o no ver una película sólo porque el actor nos cae “mal”, o peor aún porque alguien más nos dijo que era desagradable.






