Dogmática y tópica jurídico penal

Dos perspectivas predominantes se encuentran al momento de estudiar al Derecho, la primera referente al conocimiento que surge de un pensamiento abstracto y la segunda al pensamiento de raíces empiristas; así como la lucha entre el contenido del derecho y su forma, se presenta la disyuntiva entre la relevancia de la seguridad jurídica y la aproximación del derecho penal a la realidad fáctica.

Aristóteles ya se había referido al concepto de la “finalidad del ser”, señalando incluso principios de imputación, de esta manera estando a favor del libre albedrío y señalando que las consecuencias de las conductas que estén en nuestro poder de realización son imputables a nosotros mismos. Este pensamiento se extendió hasta llegar a la época Kantiana y Hegeliana, es prudente hacer el comentario que principalmente para el primero, la dignidad humana era un principio que no admitía contradicción alguna y sobre ella se debían construir los pensamientos y sistemas jurídicos, contemplando al ser como fin en sí mismo y no como medio para llegar a un fin. Estos pensamientos pensaban terminar con los atropellos ocurridos a dicha dignidad humana; sin embargo, la entrada del positivismo jurídico como filosofía preponderante, alrededor de durante la segunda mitad del siglo XIX, provocó que el idealismo propuesto por Hegel y Kant entrara en crisis. Con el pensamiento positivista se abrieron nuevos horizontes que expandieron la plataforma intelectual de muchos juristas de la época; sin embargo, hubo quienes llevaron a los extremos los beneficios de dicha corriente, tratando de ampliar su elasticidad hasta parámetros que posteriormente provocaron ineludiblemente un regreso al pensamiento Kantiano, con  lo cual surgió la corriente Neokantiana, de corte nuevamente idealístico, que devolvió a las Ciencias Sociales su método que necesariamente debía ser diferente del de las Ciencias Naturales pero sin mermar los beneficios del pensamiento positivista que habían heredado los ilustrados y el padre de la sociología. Algunos han buscado encontrar una síntesis armónica entre ambas corrientes y de ellos han surgido enormes avances a la ciencia jurídica, ya se ha visto como Hans Welzel con su postura del Finalismo quien revivió la famosa lucha de escuelas que existía entre posturas Causalistas (positivistas) y neocausalistas (neokantianos idealistas). Más recientemente existen otros autores de renombrado prestigio como el Dr. Claus Roxin con su Funcionalismo teleológico racional que pretende ir un paso más allá sobre la misma tesitura al buscar eliminar las distinciones que existen entre la Dogmática Penal y la Política Criminal, misma postura que guarda su discípulo Bernd Shünemann. Igualmente hay quienes han pretendido dar un vuelco de nuevo a lo abstracto, teniendo como finalidad principal la legitimación del derecho, su máximo exponente contemporáneo es Günther Jakobs. Esta evolución ha llevado a la creación de diferentes formas de determinar el conocimiento, ya que por un lado se pretende que el método sea el que lo determine y que prevalezca el objeto material, únicamente variando el objeto formal de estudio; por otro lado se pretende que sea el objeto el que determine el conocimiento, de este modo el objeto material debe ser el que cambie y el objeto formal quedar estático pues el método no interesa sino lo que se está tratando.

Se debe aprender a trabajar del sistema al problema como del problema al sistema, en el Derecho Penal la corriente que pregona un sistema jurídico cerrado ha pretendido trabajar de la primera forma, en este espacio se encuentran los positivistas e incluso algunos juristas neokantianos y finalistas, como Lizt, Mezger y Welzel, mientras que aquellos que pretenden un sistema jurídico abierto buscan la elaboración de una dogmática que trabaje de la segunda manera, entre ellos destaca el jurista Claus Roxin. El positivismo se ha inclinado por la creación de un sistema cerrado partiendo de principios lógico deductivos que se encuentren en la ley y de los cuales suben hasta los conceptos jurídico fundamentales.

Menciona Quintino Zepeda que “la tópica es un estilo que nos permite resolver caso por caso los problemas de la ciencia jurídica, en cambio la sistemática se ocupa de establecer reglas generales para la solución de dichos problemas” (2010, p. 30). Debemos decir que un sistema  jurídico penal abierto puede provocar falta de seguridad jurídica; sin embargo un sistema penal cerrado olvida la realidad fáctica para concentrarse en la construcción de sí mismo. Se debe pretender un sistema jurídico penal cerrado únicamente en cuanto a las referencias que lo construyen, refiriéndome a las reglas normativas que proceden en el proceso de creación de normas, mientras que para aproximarse a la realidad y continuar con el dinamismo que distingue a la ciencia jurídica en general, se debe pregonar la base de un sistema abierto, por medio de la Política Criminal como se dice en la actualidad; sin embargo, estaríamos obligados a aceptar que innegablemente existen principios inmutables para evitar caer en injustos incorregibles. Respecto al modelo de la tópica comenta Viehweg, en la obra de Quintino que “este modo de trabajar se caracteriza sobre todo por que permite a los juristas entender el Derecho no como algo que se limita a aceptar, sino como algo que ellos construyen de manera responsable” (Quintino, 2009, p. 185).

La dogmática jurídico penal ha sido definida por Roxin como “la disciplina que se ocupa de la interpretación, sistematización y elaboración y desarrollo de las disposiciones legales y opiniones de la doctrina científica en el campo del Derecho penal” (1997, p. 192). Por su parte Quintino señala que la dogmática debe ser entendida como “una necesidad de la sistemática…la misma no consiste en el libre ejercicio del ate de formar opiniones, por el contrario, la dogmática se relaciona con cuál es el proceso de decisión de un sistema. La dogmática en sí incluso se distingue tanto del sistema como de las propias categorías que lo componen… solo hay que reconocer que la dogmática, sin ser la decisión en sí del sistema, constituye el elemento preparatorio  esencial de la decisión. De este modo se define como el conjunto de criterios atacantes a las relaciones válidas de las categorías y elementos que componen al sistema” (2011, p. X)

En este orden de ideas, la dogmática exige una sistematización del ordenamiento jurídico y se debe aclarar que la dogmática de la parte general del derecho penal no sigue los mismos principios que la parte especial. Existen quienes aducen que partiendo de la lógica de la tópica, la seguridad jurídica del sistema jurídico penal estaría vulnerable ya que al resolver caso por caso con base en las demandas de la realidad social, se estaría inmolando un principio básico de cualquier sistema democrático, a saber el principio de legalidad que en materia penal declara la taxatividad de la norma y su estricta aplicación para evitar que el juzgador cree derecho penal, que se condenen situaciones con penas no previstas en ley, se condene con penas que no son las prescritas, etc., además que en un sistema jurídico escrito, la labor de la dogmática debe ser parte esencial del derecho penal, pues permitirá su cientificidad en la creación de tipos penales abstractos pero suficientemente claros para no dar cabida a situaciones impunes, evitando la mala práctica de creación de tipos penales especiales para una misma conducta o de normas penales en blanco, esto se logra, por supuesto, con una cultura interpretativa adecuada. Las reglas generales interpretativas deben ser descubiertas con base en principios, entendidos estos como bases determinantes de un pensamiento, como verdaderos axiomas, que permiten la construcción nuevos elementos. Sin embargo, no se puede dar la espalda a una realidad que da lugar a la existencia del propio sistema. El sistema jurídico penal está para servir a la sociedad, no al contrario, es la dignidad  humana la que debe estar al centro, este sistema debe crearse atendiendo a una visión de norma “positiva” en el mismo sentido que la entendía García Maynez, para que se cumpla, debe ser intrínsecamente válido, esta validez dependerá de la opinión democrática de las personas destinatarias de la norma,  y formalmente válido en cuanto a que el propio sistema debe marcar las reglas de creación de normas (sistema cerrado autoreferencial).

FUENTES DE INFORMACIÓN

     —ROXIN, Claus (1997)  Derecho penal parte general Tomo I. Fundamentos. La estructurara de la teoría del delito. Trad. Diego Manuel Luzón Peña, Miguel Díaz y García Conlledo, y Javier de Vicente Remesal. España. Editorial: Civitas.

     —ROXIN, Claus (2002) Política criminal y sistema del derecho penal (2ªed). Trad. Francisco Muñoz Conde. Argentina. Editorial: Hammurabi

     —QUINTINO ZEPEDA, Rubén (2009) La ciencia penal a través de sus autores. México Editorial: Flores editor y distribuidor.

     —QUINTINO ZEPEDA, Rubén (2010) Cien Momentos Clave del Derecho Penal en este Bicentenario. México Editorial: Flores editor y distribuidor.

     —QUINTINO ZEPEDA, Rubén (2011) Dogmática Penal Aplicada al Sistema Acusatorio y Oral. México Editorial: Flores editor y distribuidor.

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