¿Te gusta el deporte… y cada vez más extremo? ¡Cuidado!

Es verdad que mucha gente se siente bien al hacer ejercicio, no es malo, ya que se preocupan por su cuerpo, su salud y su bienestar físico. Si se practica algún deporte se logra que algunas partes del cerebro se fortalezcan, como la atención, velocidad, toma de decisión, etc; sin embargo, el deseo hacia los deportes que impliquen algún riesgo potencial puede generar adicción hacia el peligro.

Esas sensaciones de bienestar, placer y satisfacción son provocadas por tres sustancias que desencadena el cuerpo al momento de practicar algún deporte extremo. Todos conocemos a la adrenalina, es la más común de las tres y la que experimentamos cuando nos encontramos en peligro y se necesita huir de él. Asimismo la dopamina se genera cuando hay placer en alguna actividad que se esté practicando. La serotonina la conocemos en el momento en que estamos entrando en un sueño profundo, ya que segrega serenidad.

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Un deportista extremo siente la necesidad de arriesgar su vida la mayor parte del tiempo, disfruta al máximo tirarse de un avión, de una montaña, descender por la peligrosa corriente de un río, bajar una montaña a máxima velocidad en una bicicleta o correr autos deportivos sin protección. Se ha llegado a un punto en el que ni si quiera se mide el peligro al que se está expuesto. En el punto límite de la emoción es posible que el deportista experimente un frenesí que desencadena el deseo de querer más. Ha habido casos en los que los deportistas buscan arriesgar su vida al máximo, se tiran de un avión sin paracaídas, vuelan sin motor y hasta conducen sin frenos.

Evidentemente no todo gira alrededor de la adicción hacia la triada de adrenalina, dopamina y serotonina, incluso gente que vive estresada, manifiesta síntomas de ansiedad o de control, las cuales son apaciguadas a través de la práctica de algún deporte extremo para así sentirse aliviados y satisfechos con lo que han hecho. La sensación de lograr algo que no toda la gente podría hacer eleva su autoestima y los impulsa a querer cada vez más atención por parte de la gente, así como su aceptación o admiración.

Existen síndromes como el caso del síndrome Pontius, que genera una sobreproducción de adrenalina; por lo tanto, es de vital importancia que se libere de alguna forma. Una alternativa para ellos es practicar deportes extremos, y es así como sienten la inclinación hacia estas actividades.

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Practicar actividades de riesgo es malsano cuando ya no se toman medidas de seguridad para evitar lesiones de gravedad o incluso la muerte, mas cuando se practican con verdadera pasión y emoción: se toman las debidas reglas precautorias y se busca especializarse en uno o dos tipos de deporte, sin la necesidad de estar cambiando todo el tiempo a los más extremos para satisfacer carencias, deseos o impulsos.

Es importante que la gente haga lo que más los hace felices; sin embargo, cuando ya no se piensa en las consecuencias ya no es pasión hacia lo que hacen lo que los impulsa, sino una obsesión.