La observaba, la miraba, sabía todo sobre ella, era magnífica, maravillosa y perfecta, era lo que necesitaba. Quería tenerla junto a mí, en mis brazos para hacer lo que siempre había deseado. Por fin me decidí, sabía que tenía que hacerlo y lo hice…

Linda, la chica que quería estaba tan exquisita y reluciente como siempre, con un vestido color azul adornado de flores blancas. Se veía tan espléndida con su grandiosa sonrisa y su hermoso cabello rubio, no como los rayos del sol, sino como los girasoles plantados sobre la parte trasera de su jardín.

Salió como todas las mañanas a regar los rosales, eran sus flores favoritas y bailaba como pirinola por todo el lugar, yo la observaba todo el tiempo; cada hora, minuto y segundo, no me quedaban ganas de mirar a nadie más. Era la chica perfecta y realmente me encantaba, no estaba seguro de nada pero realmente quería hacerlo, estaba confundido hasta que lo logré, por fin lo hice… en cuestión de segundos ya estaba en mi auto atada de brazos y con los ojos vendados.

Lo logré, la tenía, ya estaba conmigo.

Llegamos a la casa de verano que tenía en California, cruzamos el bosque y rodeamos el lago hasta llegar ahí. La saqué del auto y la cargué con delicadeza hasta llegar a la casa, entramos en ella y la llevé hasta el sótano, seguía dormida gracias al sedante que le había inyectado y la senté en una silla de caoba Se veía tan bella en esa posición que decidí destaparle los ojos. Despertó y yo la seguía observando, ahí estaba tan hermosa como siempre, luchando por su vida, pero su vida ya era mía: lo logré.

Comencé a tocarla, primero su largo y ondulado cabello rubio como esos girasoles en su jardín, sus hermosos labios rojos como las manzanas en primavera, sus ojos azules como el vestido que traía puesto: la admiraba, era perfecta. Sus pechos como dos enormes montañas, su ombligo redondo como una dona de chocolate y su abdomen plano como la Quinta Avenida. Sus piernas torneadas como las de un pavo ahumado en navidad y sus hermosos pies tan suaves como un oso de felpa.

Sabía, sabía que era la indicada.

Conocía perfectamente su belleza exterior, quería conocer su belleza interior, quería saber todo de ella, lo deseaba, lo necesitaba.

La llevé hasta la cama y la amarré, le arranqué su vestido azul, era hermosa, Linda realmente era linda.

-Vamos Linda –le dije seduciéndola. –No llores, sólo quiero conocer un poco más de ti, no temas que todo estará bien.

-Suéltame y déjame ir- sollozó Linda.

-Amor, tu voz realmente me cautiva.

 Busqué en el buró junto a la cama y dentro de una caja de recuerdo de Chicago  tenía un cuchillo, era grande y filoso casi como una espada, había llegado el momento por el que había esperado tanto tiempo. Con el cuchillo empecé a acariciar su cuerpo perfecto, y Linda temblaba, tenía miedo y eso me encantaba, jamás había conocido su miedo y era hermoso, llegó la hora.

Abrí su abdomen lentamente y lo vi, vi su interior, no podía creer que estuviera cumpliendo mi sueño. Su belleza interior era hermosa. La sangre comenzó a escurrir por todo su cuerpo hasta llegar a las sábanas blancas, vi sus intestinos, su hígado, riñón, y ella aún podía respirar. Me gustaba verla así totalmente desnuda de adentro hacia afuera, pero no era suficiente, quería conocer su corazón, el núcleo de una belleza tan inmensa como la de Linda. Quise abrir sus pechos para llegar al corazón, y ahí estaba, seguía palpitando cada vez con menos intensidad y era tan perfecto y hermoso como me lo imaginaba.

Linda dejó de respirar…

Definitivamente lo más hermoso de Linda era su corazón, era tan bello y perfecto que decidí conservarlo, no podía quedarme sin nada de ella. Lo guardé en un frasco de cristal y lo metí en una pequeña hielera azul, me quedé observando la magia de su corazón durante horas, era tan magnífico que no podía dejar de verlo.

Llegó el anochecer y sabía que era la hora, cavé un hoyo profundo cerca de la playa de San Diego, tenía una excelente vista al mar y Linda se merecía el mejor lugar para su entierro. Merecía estar en un trono y aquel lugar era su reino.

Volví a vestir a Linda con su vestido azul, la cargué con delicadeza, y con cuidado la coloqué dentro del hoyo, se veía tan hermosa con ese vestido que me hizo volver a admirar la belleza de su ser. Llené el hoyo con tierra y rosas rojas, sus favoritas.

Regresé a casa y todo había terminado, me sentía satisfecho por haber realizado mi sueño. Me fui a mi habitación, era la hora de descansar. Pero no lo logré, no dejaba de pensar en mi hermosa Linda y me estaba volviendo loco por pensar en ella, se me hizo un hueco en el corazón, algo me hacía falta, ya no me sentía satisfecho como cuando enterré a Linda, creo que Linda me hace falta.

Necesito buscar a alguien que la reemplace, pero eso no será posible porque ella era perfecta, era mi única razón para seguir viviendo, pero ahora qué pasará conmigo, si ya no está Linda para admirarla.

Cuando me di cuenta, unos rayos de sol se asomaban por mi ventana, no logré pegar los ojos en toda la noche por estar pensando en Linda. Me levanté de la cama, tomé una ducha y me puse mi ropa deportiva, salí a tomar un paseo por el parque. Pensé que seguía durmiendo, pero no, era real. Que belleza, que mujer, tan hermosa como el amanecer. Creo que encontré a mi nueva musa.

La seguí, sabía que podía reemplazar a Linda el tiempo suficiente, debo conocerla, su belleza exterior es hermosa, pero cómo será su interior.

Que decepción, que mierda, su corazón era pequeño y débil, dejó de palpitar a lo segundos que abrí sus pechos con el mismo cuchillo que utilicé con Linda, que asco de corazón, no era tan fuerte como el de Linda, espantoso, no es suficiente. Ella no merece tantos halagos, la llevé al basurero, ella no merecía más, no era perfecta.

Necesitaba llenar ese vacío que sentía por dentro, estaba creciendo y no iba a poder soportarlo por mucho tiempo.

Pasaron  semanas hasta que volví a ver la perfección en el supermercado, se veía tan hermosa haciendo esas compras, con sus manos tan delicadas como un diente de león, su piel blanca como la sal, sus ojos verdes y redondos como una moneda de 50 centavos. Su hermosura fantástica, ella sería la indicada para llenar este vacío que llevo por dentro.

La llevé a mi casa de verano, me encantaba verla luchar contra mi pecho, utilizaba sus delicadas manos. La amarré contra la cama con las mismas cuerdas que utilicé con Linda, era hermosa, ya casi, ésta sí es la indicada, parecía un ángel. Con el cuchillo abrí su abdomen…

-Que maldita decepción, eres una perra.

-Por favor ya déjame ir, me estoy desangrando.

-No dejaré ir a un monstruo como tú.- Corté su garganta y dejó de respirar.

Cómo pude ser tan estúpido y pensar que ella podía ser tan maravillosa como Linda. ¿Tatuajes? ¿Sida? Su sangre ya estaba infectada, dejó de ser perfecta y ni siquiera llegué a su corazón, jamás había visto algo tan asqueroso.

 Estaba desesperado ya no iba a soportar más decepciones. Pasó un año desde que había encontrado la perfección: Linda.

Después de un largo tiempo y de 8 decepciones más, me di cuenta que jamás podría volver a encontrar algo tan hermoso como lo era ella, claro que Linda era única y la más hermosa de todas, era como un ángel caído del cielo.

“Lo voy a hacer”

Fui una vez más a admirar el corazón de Linda, seguía siendo tan hermoso como la primera vez que lo vi.

“Lo tengo que hacer”

Ya era seguro jamás volvería a encontrar algo así.

“Tengo que buscarla”

Fueron muchas decepciones y me estoy muriendo por dentro.

“No lo dudaré ni un segundo más”

Todas eran unos monstruos, decepciones del mundo, un asco, lo más espantoso que haya visto en mi vida, abominaciones.

“Voy por la perfección”

Fui a mi habitación y saqué una 9 mm, me apunté en medio de los ojos y disparé.

“Linda voy por ti”

 

 

 

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