La mayoría de nosotros nos creemos muy sabios y pensamos que nadie puede mentirnos, pues sabemos detectar cuando alguien nos miente; infortunadamente tenemos un 50% de probabilidades de acertar en esta clase de predicciones.

En 1920 se inventó el polígrafo o detector de mentiras; los científicos pensaron que tendrían un método más certero al distinguir a los culpables de los inocentes por medio de electrodos, pues el polígrafo detecta los cambios de pulso cardiaco, la respiración y la presión sanguínea. Su uso se basa en la suposición de que al decir una mentira se produce una emoción que a su vez provoca notables cambios fisiológicos.

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Detector de mentiras

Tristemente no resulta fácil detectar las mentiras, pues los científicos descubrieron que también al decir la verdad pueden evidenciarse las mismas reacciones.

Según los actuales científicos, para detectar una mentira primero hay que conocer cuáles son las señales que emite la persona al decir la verdad.

En conclusión, aunque el detector pueda evidenciar la actividad cardiaca, esto no asegura que la persona que esté siendo evaluada esté mintiendo, pues la misma situación o contexto puede provocar dicha aceleración cardiaca.

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Prueba del polígrafo

 

Otras maneras de detectar las mentiras

Aunque el detector de mentiras no sea un método cien por ciento confiable existen otros para detectarlas, un ejemplo de estos puede ser el lenguaje corporal.

La comunicación verbal y no verbal mueve al mundo; estas nos permiten detectar cuando una persona nos está mintiendo. Si bien es cierto que esta ciencia tampoco es cien por ciento confiable, esta nos permite estar un poco más cerca de la verdad.

Algunos científicos de la neurolingüística afirman que el comportamiento ocular es una indicio fiable de las verdades y de las mentiras.

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