Lo más común al morir es que seas enterrado o cremado, sin embargo, al incinerar un cuerpo las toxinas propias del difunto se liberan a la atmósfera generando 2,300 kgs. de mercurio al años; si se entierra, al cuerpo se le cubre con rellenos y cosméticos para luego ser bombeado con formaldehído tóxico y evitar la descomposición, práctica que provoca problemas respiratorios y cáncer a quienes los preparan en las funerarias.

Por suerte existen otras opciones que son mucho más amigables para con el medioambiente e incluso contribuyen a que tu cadáver le retribuya un poco al planeta:

  • Infinity Burial Project.

Se trata de una propuesta de la artista Jae Rhim Lee cuyo objetivo es descomponer y limpiar las toxinas de los cadáveres con la ayuda del “Infinity mushroom”.

Imagen: Internet

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Dicho “hongo infinito” además de descomponer los cuerpos, limpiaría sus toxinas y repartiría los nutrientes a las raíces de las plantas dejando abono limpio.

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Esto será posible gracias al “traje mortuorio de hongos” que está cubierto con un alambrado de crochet incrustado con esporas de hongos mismas que una vez rociadas con un compuesto acuoso se activarán propiciando que el hongo devore al cadáver.

  • Resomation o hidrólisis alcalina.

Consiste en acelerar la descomposición de los cuerpos que normalmente tarda unos 20 años a tan solo dos o tres horas y con un precio bastante parecido a la cremación común utilizando hasta un 80 % menos de energía.

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El proceso es sencillo: el cuerpo dentro de una funda de seda se sumerge en una solución de agua con hidróxido de potasio y se somete a una temperatura de 180°C con una presión alta para impedir la ebullición.

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Al final, quedan cenizas parecidas a las que resultan de la incineración, y los huesos tan blandos que se rompen fácilmente. Prótesis dentales e implantes permanecen intactos permitiendo su reciclaje y rehúso para quienes no pueden pagarlas nuevas.

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  • Cápsula Mundi.

Es un método de entierro ideado por los italianos Anna Citelli y Raoul Bretzel que utiliza los nutrientes del cadáver para alimentar a un árbol previamente elegido por el difunto.

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El cuerpo en posición fetal se introduce en una cápsula de plástico de almidón biodegradable con forma de huevo. Una vez dentro se entierra con un árbol o semillas de uno encima de la cápsula.

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De acuerdo con Citelli y Bretzel, serán los familiares y amigos quienes se encarguen del cuidado del árbol con ayuda de un mapa del bosque con la ubicación exacta del mismo.

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Por el momento es un proyecto no concretado en Italia debido a las restricciones de ese tipo de cementerios en el país, pero esperan poderlo comercializar a países como Suecia, Noruega, Gran Bretaña y Estados Unidos.

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  • Urnas biodegradables.

Para quienes sueñan con que sus restos descansen al fondo del mar existen urnas hechas a base de sal marina y aglutinantes vegetales que se disuelven de cinco a siete minutos después de ser arrojadas al mar.

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Generalmente son esféricas y blancas; de acuerdo a las empresas que las producen, tienen como beneficio que el calcio de las cenizas ayuda a la regeneración de los arrecifes de coral.

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  • Ataúdes ecológicos.

Si de plano la cremación no es lo tuyo por miedo a sentir el fuego consumiéndote lentamente o por cualquier otra razón, también se fabrican ataúdes con materiales reciclados y naturales que se descomponen sin que queden elementos contaminantes.

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Usualmente son de cartón reciclado, pero también los hay de “maderón”, una mezcla de cáscara de almendra molida y una resina; o de madera ecológica a base de cartón reciclado, bambú y otras fibras vegetales sin algún tratamiento de barniz ni elemento sintético tóxico.

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Piensa bien en las opciones anteriores, pues cada vez hay menos espacio para los muertos y si al morir podemos hacerlo de formas no convencionales pero benéficas para el medioambiente y sin ocupar mucho espacio, vale la pena tenerlas en cuenta.

Una Respuesta

  1. Jerry Rivers

    Morir y alimentar a un árbol con mi cadáver…me agrada esa sepultura 😉