El dolor es una especie de alarma que nos alerta ante un aparte peligro, pues nos ayuda a evitar daños mayores. Si éste no existiera sería difícil darnos cuenta de que padecemos alguna enfermedad.

 

La capacidad para sentir dolor es imprescindible para sobrevivir. Todos hemos sentido dolor físico, pero es imposible entender el dolor ajeno y cada quien lo siente de distinta manera, pues influyen otros factores, como la educación.

Existen dos principales vías nerviosas que transmiten los avisos de los receptores de dolor y una de ellas los transmite con mayor rapidez que la otra. La más rápida tiene una velocidad de transmisión de unos 355 km por hora –menos de una centésima de segundo-.

Ante un suceso súbito se reacciona de inmediato, por eso los receptores de dolor se apresuran en avisar a la médula espinal que un dedo se está quemando o se ha golpeado.

El aviso de dolor se dirige siempre al tálamo cerebral. Los impulsos dolorosos dejan atrás la médula espinal y van hacia los dos lóbulos ovales que forman el tálamo, en el núcleo del cerebro, arriba del bulbo raquídeo y debajo del cerebro. El tálamo recibe los avisos y los clasifica como dolorosos.

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Ali Fuentes