Es casi imposible, en días como estos, hablar de temas “No futbolísticos”. En los diarios, en los TT, en las publicaciones en Facebook de mis amigos, en el autobús, en el metro y hasta en las sobremesas familiares, pareciera no existir más: El Mundial ha comenzado, ha ilusionado y ha monopolizado las conversaciones de diario.

Escribo, cuatro días después de la decepcionante inauguración de Brasil 2014. El Mundial no sólo me ofrece la oportunidad única de ver el mejor fútbol de los últimos cuatro años, sino un reto que me apasiona bastante: El periodismo en caliente… una literatura bajo presión.

Hasta hoy, pensaba que el fútbol guardaba, en su esencia más pura, un poco de cordura y de lógica pero creo que he vivido en una fatal y loca mentira. En una vieja tele en mi casa, veo cómo los periodistas, hablan con orgullo y sorpresa del triunfo de Costa Rica. Este equipo ha dado la segunda GRAN sorpresa de la competencia, ganarle a Uruguay tres a uno, quizás haya representado la alegría futbolística más grande de la historia de este país.

Cosas así trae el Mundial, alegría para unos, tristeza para los españoles. Casillas, que hasta hace poco Jorge Valdano lo consideraba el mejor portero del mundo, se comió cinco goles frente a la Naranja Mecánica, que parecía enfurecida por el recuerdo sudafricano de hace cuatro años. Ni el más Nostradamus de los hinchas, ni el “mejor orador” hubiesen podido conjugar la menuda paliza que los muchachos de Del Bosque se llevaron la tarde en que, miles de mexicanos gritaban y cantaban el Cielito Lindo en la plancha del Zócalo Capitalino, mientras unas Coronas bien frías afilaban sus cuerdas vocales. Dicen por ahí que ese Cielito Lindo se oyó hasta las calles de Buea en Camerún.

Digamos que a esta fiesta le hace falta los platos fuertes: Messi, Ronaldo y Alemania. En los próximos dos días podríamos pasar de volvernos Locos a Relocos, algo que a los amantes del fútbol y a los no tan amantes seduce bastante.

Por lo mientras, luce bonito y esperanzador este surco inolvidable del calendario, estos treinta días en que el fútbol es la cabeza del deseo y del temor al mismo tiempo.

Sobre El Autor

Héctor Núñez

Lector precoz de Villoro, Galeano, Salem, Sabina, Cortázar, Benedetti, Sabines, Vargas Llosa, Vallejo, Neruda y desde ayer, Marwan. Grito los goles del Barcelona y del Atlante, los Touchdowns de los Redskins y los Homerunes de los Diablos rojos del México. Desafino con Serrat, Serrano, AC/DC, Bon Jovi, Led Zepellin, Aute, Silvio, Pablo, Sabina, Andrés Suárez, Luis Ramiro, Fernando Delgadillo, Diego Ojeda, Pancho Varona y desde hace más de un año, Marwan. Y me abrazo con mis amigos. Eso hago yo; lo que soy, lo dejo para otra biografía.