Los ojos del mundo están puestos en un solo país: Brasil. Ha iniciado la fiesta mayor del deporte más popular del mundo y, aunque algunos se preocupan también por las manifestaciones y situación social que atraviesa este país, no podemos dejar de lado la riqueza natural que ésta está perdiendo.

A partir del Mundial de Inglaterra en 1966, cada sede tiene una mascota que representa -la mayoría de las veces- parte de la cultura del país anfitrión. Se han visto niños, leones, perros, balones, seres futuristas y hasta un gallo los cuales mostraban ideales bien definidos pero, en el caso de este mundial, Brasil le ha dado una connotación que va más allá del verse bonito y atractivo para el público.

El caso de Fuleco es particular; es un armadillo Tolypeutes tricinctus que habita en el centro y noreste de Brasil con la capacidad de hacerse bolita formando una esfera perfecta. El aspecto que guarda con un balón de fútbol le ha dado realce ante los espectadores, lo que ayuda a que su causa obtenga mayor atención.

Su nombre es la combinación de las palabras fútbol (ful) y ecología (eco) pues a través de él se pretende crear una mayor conciencia ante la destrucción de la flora y la fauna en gran parte del país mundialista, debido a la intensa deforestación por motivos de la minería, agricultura y obtención de madera, que a su vez, provoca gran parte de la puesta en extinción de las especies que allí habitan.

Fuleco ha entrado en la lista roja de especies a punto de desaparecer y la intención de ser la mascota de Brasil 2014 es promover su cuidado a fin de que éste llegue a la lista de animales “vulnerables” en un periodo no mayor a los 5 años.

Sin duda, los grandes eventos deportivos colaboran a la difusión de causas que necesitan pronta escucha y con ello, asegurar que diversos organismos centren su interés en apoyarlas y volverlas algo más que una causa.

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